lunes, 10 de junio de 2024

PUBLICACIÓN DE RESEÑAS

RESEÑA DE CINEMA PARADISO
Cinema Paradiso (Nuovo Cinema Paradiso en su versión original) es una película italiana de 1988, la ópera prima en 35 mm de su director, Giuseppe Tornatore, y una de las obras más maravillosas que existen. A pesar de que es relativamente poco conocida para el gran público, su Óscar a la mejor película de habla no inglesa (1989) y el Globo de Oro a la mejor película extranjera (1990), entre otros premios, indican que, al menos, recibió parte del reconocimiento que merece. Sus protagonistas Philippe Noiret, Salvatore Cascio, Marco Leonardi, Antonella Attili, Jacques Perrin, Agnese Nano, Brigitte Fosey hacen una interpretación magnífica, sumado a la excepcional musicalización a cargo de Ennio Morricone logran redondear el éxito de la película. Existen dos versiones, la normal, con una duración de 123 minutos, es la más conocida y es la que se eligió para su estreno en el extranjero. En 2002, sin embargo, salió a la venta el montaje del director, una versión con 50 minutos extra que, desvelando algunas escenas desconocidas hasta entonces, ofrece una versión más agridulce de la trama, y en la que algunos de los personajes muestran un lado que puede no gustarnos demasiado. Sin duda, yo me quedo con la versión “reducida”, que roza la perfección. La historia comienza cuando un famoso director de cine italiano, Salvatore Di Vita, recibe la noticia del fallecimiento de un hombre llamado Alfredo. Debido a ello, Salvatore se ve obligado a regresar al pequeño pueblo en el que creció, a la vez que emprende también un viaje a su pasado. La película, está narrada en su mayor parte con esta retrospectiva. El contexto – la Italia de posguerra – se encuentra perfectamente retratado en esta cinta. Sin embargo, en algunos aspectos, Cinema Paradiso rompe cualquier límite temporal, y pasa a hablarnos de sentimientos y lecciones vitales con las que no tenemos más remedio que sentirnos identificados. Además, nos habla de la amistad entre Totó y Alfredo, dos personajes tan dispares como entrañables; nos hace valorar la importancia de las promesas; nos invita a dar ese salto al vacío que implica el dejar atrás nuestro pasado para convertirnos en lo que algún día seremos, siempre, hablando de manera tan directa que sólo podemos cerrar los ojos y asentir, contagiándonos de la verdad de las palabras que estamos oyendo. Sin embargo, si hay algo por lo que destaca Cinema Paradiso es porque es el mejor homenaje al cine que se ha hecho jamás desde el propio cine. No en vano, y muy acertadamente, es la película que La Sexta 3 (canal de televisión español) eligió para poner punto y final a su andadura en la televisión y es que Cinema Paradiso es cine. Retrata la esencia de aquellos cines de pueblo que reunían a todo tipo de personas, grandes y pequeños; nos enseña, con humor, la manera en la que trabajaba la censura; nos dibuja las vidas de la gente en torno a las películas, pero, sobre todo, nos enseña a amar el cine. A amarlo de verdad. La película ha sido descrita como un clásico del cine italiano, una reflexión sobre el amor al cine, y un agridulce drama sobre el amor y la pérdida. Visualmente, la película es una obra maestra, capturando la belleza y la simplicidad de la vida en Sicilia. Tornatore utiliza una paleta de colores rica y una cinematografía evocadora para transportar a los espectadores a la época dorada del cine, llena de encanto e inocencia. No obstante, algunas críticas podrían señalar que la película, especialmente en su versión extendida, puede resultar un poco lenta, con algunas subtramas que podrían haberse acortado. Sin embargo, estas críticas quedan eclipsadas por la fuerza emocional y el impacto general de la obra. No quiero hablar mucho más de esta película porque prefiero no desvelar nada importante. Los que ya la han visto, saben a lo que me refiero. Los que no, por favor, deben ir corriendo a verla. Sólo me gustaría añadir que Cinema Paradiso posee el que, para mí, es uno de los finales de película más perfectos que existen, por sus imágenes, por la esencia de lo que retrata, y por el mensaje que implica. Además, parte de ello se debe también a la partitura de Ennio Morricone, que, si bien es excepcional a lo largo de toda la cinta, encuentra en la conjunción con los minutos finales de la imagen su punto culmen.